22.7.25

Todas las formas que no fui

No fui la que lloró

en voz alta.

Fui la que, en cámara lenta,

recogía las migas 

de la mesa

como si fueran restos

de un planeta recién

 colapsado.


Las hormigas insisten.

La radio también,

como una canción vieja

que suena a promesa

 vencida.


Un grito se escapa,

como un pájaro sin nido.

Debajo de la mesa

siguen intactas

todas las veces

que fingimos fiestas.


Alguien siempre

 pregunta por la torta,

como si el azúcar

pudiera salvarnos.


Pero no hay milagros.


El mantel en mis manos

parece de papel;

basta un temblor

para que se desvanezca.


Solo una mesa,

y los rostros

que alguna vez dolieron.

Un teléfono fósil

que respira,

un esqueleto 

que insiste en llamarnos

desde un tiempo 

que ya no existe,

y el cable enroscado 

entre los dedos

como un temblor 

que no cesa.


La memoria sustituye

la escena de una película

que nunca filmamos.

Los cuerpos ya no están.

La mesa espera,

como si aún creyera 

en nosotros.


Mi silencio

sigue en el silencio:

un maullido atrapado

en la garganta del mundo.


Y ahí,

quietas,

como promesas sin boca,

como puertas sin nombres.

Todas

las formas

que no fui.

Antes de que llueva