2.8.25

Una pequeña llave para abrir un incendio


Creí que para arder hacía falta la chispa exacta,
un rayo en el pecho,
esa palabra que no se dice
pero igual corta.

Pensé que el incendio vendría con furia,
como llegan los finales en las películas
o los amores que no vuelven.

Pero no.
Comenzó con un gesto mínimo:
un perfume olvidado
diciéndome que la vida es bella,
una puerta que no cerré del todo,
una taza tibia que ya no tomamos.

Una pequeña llave para abrir un incendio.
Eso bastó.
Ni más, ni menos.

Una imagen que no pedí,
una canción que empezó a sonar sola
y dibujó la forma de tu sombra en la fila del supermercado.

El fuego no gritó.
Solo se instaló, callado,
como esas ideas que uno no elige.

No hubo ruinas.
Solo un cambio de luz en mi cara, en mi corazón,
en el lugar donde antes descansaba
mi parte más blanda.

Y aunque todo siguió su curso,
yo supe que algo ardía.
Ardía en la raíz.
Donde se agarran las cosas
que ya no se dicen.
Y aún así,
no se sueltan.

Antes de que llueva