14.8.25

6.225 metros

A esta altura

el aire ya no recuerda

 tu nombre

y la voz se convierte

en un hilo de luz 

que tambalea.


En la habitación azul

la tristeza flota

como una medusa

moviéndose lenta,

como si todo el mar

le pesara en la almohada.


Si cerrás los ojos

el tiempo y el espacio

son apenas otra forma

de respirar juntos.


El agua se derramó del vaso

y las estrellas subieron

 despacio

hasta el cielo del techo,

dejando un rastro

como si hubieran cruzado

a caballo

sobre la piel del aire.


Si miramos bien

nuestras iniciales

 flotan

sobre un mar

que nunca deja de moverse.


Alguien respira

en la otra orilla 

de la noche.

No lo veo,

pero cada vez 

que parpadeo

me devuelve la mirada,

como si mis ojos

fueran dos puertas

que siempre miran

hacia el mismo cuarto.


En el último segundo

antes del amanecer

se comprende que

algunas distancias

no se miden en metros

sino en el silencio

que queda flotando

cuando dos miradas

se sueltan.

Antes de que llueva