A ver.
Y esto es solo una idea.
Si probamos
¿ponernos bien la vida,
como quien se da cuenta
de que ha estado caminando
con el abrigo al revés
y decide, sin mucho drama,
arreglarlo?
No digo un cambio drástico,
tipo
renunciar al trabajo
y mudarnos
a una cabaña
en la montaña
para escribir un libro
que nunca terminaremos,
pero sí algo más chico.
Algo manejable.
Tipo:
en vez de acumular
quejas como quien junta
boletas de luz impagas,
soltar una, a ver si el mundo
no colapsa.
O decir "hola" a alguien
que no conocemos
(no de manera espeluznante,
claro,
sino como quien dice
"mira, sé que existís"
y que eso sea,
de algún modo, suficiente).
Porque no sé si lo notaste,
pero el mundo está un poco
inclinado.
No derrumbado, todavía,
pero con ese temblor
de las cosas
que han sido golpeadas
más veces
de las que pueden
soportar.
Y cada cosa que decimos,
cada pequeña palabra
lanzada al aire,
es un dedo en la balanza
del futuro.
Uno lo dice sin pensar
y de repente,
pum,
alguien lo recuerda
dentro de cinco años
en un momento
en el que necesitaba
recordarlo.
Entonces, no sé.
Tal vez sea un experimento,
pero podríamos probar
ponernos bien la vida,
a ver qué pasa.
Si lo hacemos
quizás—y solo quizás—
alguien, al borde de algo,
se siente, respire hondo,
y por primera vez
en mucho tiempo
no sienta
que todo está a punto
de venirse abajo.