12.2.25

Los que se van

 


No hay un instante preciso

en que alguien decide irse.

Es un rumor leve,

un picor en la espalda,

una incomodidad que crece

como el viento 

antes de la tormenta.


Pero partir 

no siempre es geográfico.

A veces, irse es dejar un lugar

sin mover los pies.

Es dejar de ser quien uno 

ha sido

para otros.

Soltar, como quien abre

 los dedos

y deja caer algo

que alguna vez sostuvo 

con gran fuerza.


El que se va nunca tiene

las respuestas.

Solo sabe que quedarse

es no volar.

Que un día más

es un día menos.

Y entonces se va.


Sin ruido,

sin certezas,

sin mapas.


Solo con el viento

empujando desde adentro.

Antes de que llueva