13.2.25

Sí Adelita se fue con otro

 


Adelita se fue con otro. 

Según fuentes confiables—o al menos, según Instagram—buscaba estabilidad emocional, lo cual, en su caso, significaba desayunos a la misma hora, abrazos, alguien que entendiera la diferencia entre un plan a futuro y un mensaje a las dos de la mañana.


Se fue porque, al parecer, la incertidumbre poética tiene fecha de vencimiento y los discursos existencialistas no califican. 

Porque no era tan difícil pensar en un hombre con objetivos claros. 

Porque la última vez que habló de amor mencionó a Schopenhauer, y ella solo quería que la entendieran y que también supieran apagar la luz sin recordatorio de corte.

Adelita se fue con otro porque la épica del romance imposible se desgasta cuando hay que decidir quién compra el jabón.

Porque la idea de compromiso era compartir libros, tomar mates y mirar el atardecer.

Porque, finalmente, entender requería notas al pie, y ella quería a alguien con letra clara y sin tantas referencias.

Y es que, al final, no era tan difícil de predecir. 

Mientras leía a Foster Wallace, escribía en Word sin errores. Mientras hacía versos sobre la fugacidad del amor, también compraba un termotanque con garantía de cinco años.

Mientras se preguntaba si todo esto no sería una simulación, destapaba el baño con una sopapa.

Se fue con otro porque  tenía un plan para compartir la vida. Sabía elegir una heladera sin dudar por el consumo energético. No improvisaba su futuro con metáforas ni con mentiras.

Porque, para amar hay que estar disponible mentalmente y al final, no hace falta una nota al pie para entenderlo.

Adelita quería un amor con quien envejecer.

Antes de que llueva