2.2.25

Río de Sombra y Luz

 


La tarde

se desliza

sobre el río.


Su corriente

lleva reflejos

pequeñísimos,

dorados.


Los peces

nadan,

sílabas sueltas

en un poema

que el agua

escribe

y borra.


El sauce

inclina su cuerpo,

casi rozando

el río.


Le cuenta

un secreto.


Sus ramas

susurran palabras

antiguas.


El viento

peina la costa.


Las islas

flotan,

dibujadas

en un horizonte

de barro

y junquillos,

donde el tiempo

anida

sin prisa.


Más allá,

la estatua

vigila la orilla.


El bronce

del estibador

sostiene el peso

de tantas madrugadas,

de espaldas curvadas,

de manos gastadas

por el río.


Alguien

le escribió

un poema.


A veces,

el viento

arrastra su voz,

como si el río

aún susurrara

su nombre.


Como si el agua

aún llevara

el peso

de sus pasos.


Hundo

los pies

en la arena

caliente.


El agua

tibia

lame la huella

y la borra.


No importa

cuántas veces

regrese.


El río

siempre

está esperando.


Tal vez

no sea solo el río.


Tal vez

alguien  recuerda.

Antes de que llueva